Caracas caminable

Foto original de Caraota Digital

A mi siempre me ha gustado caminar. Una ciudad no lo es sino se puede caminar. Caminar de un extremo a otro. Del centro a la periferia. Yo me precio de haber pateado Caracas. Una vez me quedé sin dinero y caminé desde Los Cortijos hasta La Candelaria. A principios de los 90 con algo de cuidado pero sin paranoia caminaba desde la Avenida Maria Teresa Toro hasta Chacaito a pie. Con unos amigos luego de haber terminado una edición del periódico. También caminaba de Las  Mercedes hasta Chacaito para agarrar el carrito que luego de una buena rumba me llegaba a la casa de La Candelaria. Más de una vez atravesé al borde de la noche el Parque Los Caobos cuando se podía atravesar. Caminaba también desde el Café Rajatabla y sus predios  hasta el norte de la candelaria. Y por supuesto desde la UCV a cualquier lado: a la casa del profesor, a Letras el periódico universitario en sus distintas sedes. O del Bar Norte seis en la Baralt hasta las Fuerzas Armadas. También he caminado para que otros descubran mi ciudad y suelo ofrecerme a cuanto extranjero me tropiezo para echarle cuentos del cuadrilatero histórico de la ciudad, de las tablillas del Teatro Municipal,  de la obra de Villanueva en el centro, de los falsos históricos que lo pueblan, de la vieja sede de la Universidad de Caracas (o sea la UCV, palacios de las academias) o del Panteón Nacional. También he recorrido La Vega y San Agustín en San Juan y por supuesto los siete templos en semana santa con mis abuelas.  Y claro, cuando viví en la décima transversal de los Palos Grandes con Cuarta Avenida caminaba hasta Evios Pizza, La Francisco de Miranda y por supuesto hasta la Tasca de Juancho en Chacao. Fuera de día o de noche. Fue caminando al Radio CIty el insólito miércoles en que me enteré la muerte de Cayayo y llevé la noticia al  Gordon Bleu por supuesto caminando. También caminando una noche para un concierto en el Anfora de Oro me detuvo la Disip en Bello Monte y me interrogó por una hora. De allí salí caminando asustado hasta que una chica y los Amigos Invisibles me hicieron olvidar aquella noche. Siempre digo que conozco la ciudad porque la he caminado. Me ha tocado ir al Guarataro para reuniones políticas, a Petare para dar talleres de periodismo o para hacer entrevistas. O a Catia porque de allí es toda mi familia aunque ahora vivan en San Martín o El Paraíso que también me he pateado. Por supuesto he caminado Caracas en marchas políticas  desde que tengo uso de razón.

Pero Caracas no es todo lo caminable que debería ser. Que se merece ser. Siempre tenemos algo que interrumpe la caminata: Un elevado, un parque enrejado, unas aceras destruidas,unas calles inseguras o poco iluminadas o sencillamente una autopista. Tenemos una ciudad en la que buena parte de los habitantes sólo la conocen en carro a través de 3 o cuatro arterias  que son vías rápidas para el desconocimiento de la ciudad y del otro.

En Caracas siempre el peatón está sobreviviendo. Porque no siempre hay rayados, porque para los conductores no existe la prioridad peatonal, porque se montan en el rayado y  uno peatón se termina acostumbrando a cruzar por cualquier lado.  Porque uno no ha visto al primer fiscal de tránsito que multe a un conductor por impedir el paso de un viandante o por echarsele encima.

Si uno vive en el eje norte de la ciudad, pero no muy al norte puede medio caminarla pero basta tratar de caminar hacia el sur para que sea casi imposible. Tratar de caminar  de las Fuerzas Armadas a El Valle es casi un turismo de aventura extrema en la que por momentos te quedas en algún lado sin acera. O si quieres pasar de la parroquia el Recreo a a Bello Monte no hay forma sin que se arriesgue la vida en ello por la calle de los hoteles, por detrás del Centro Comercial o por el Rosal entrando a Las Mercedes. Para no hablar lo que puede significar tratar de caminar de Las Mercedes hasta El Concresa o La Trinidad. O simplemente tratar de llegar de El Cafetal a Las Mercedes o a La Carlota. En algunos casos puede ser posible de manera tortuosa en otros la resolución es imposible.

Uno debería poder caminar su ciudad  viva dónde viva. Sea en el centro, en un barrio, en el este del este, en el oeste o en el sur del sur. Hacerlo posible empieza dando un primer paso.

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