Directo y concreto: la auto crítica necesaria

Las ideas que no se debaten se convierten en un dogma Y se fosilizan. Lo dice una y otra vez el sociólogo Edgar Morin en su libro: “Para salir del siglo XX”.Y cuando las ideas se congelan pierden su energía transformadora. Para no convertirse en una doctrina tienen que mantener un diálogo con otras ideas.

 

Cuando el presidente Chávez empezó a hablar de socialismo pareció buscar una definición propia que  escapara del relato totalitario de la Unión Soviética, insistiendo en la democracia participativa, en el diferencial petrolero y luego bajo influjo de Heinz Dietrich en el socialismo del siglo XXI. El presidente Chávez mientras vivió logró generar un debate entorno a lo que era o no su llamado “socialismo del siglo XXI” porque era evidente que en su manera de conducir el país mezclaba diversas teorías y aproximaciones. A pesar de su hiperliderazgo lograba darle nueva vida al  socialismo. Lo descongelaba. Lo convertía en una plastilina que iba moldeando. Y lo mantenía vivo.

 El rechazo a la autocrítica es peligroso para cualquier sistema de ideas. Y más aún cuando estas ideas se pretenden para gobernar en democracia.Y  tanto quienes desde la acera de la crítica se sienten ungidos con la interpretación de la verdad, como quienes desde el poder rechazan todo cuestionamiento le hacen flaco favor a las ideas que pretenden sostener porque la autocrítica es necesaria para mantenerlas vivas.

Directo y concreto: cuando el marco cambió

El 4F fue el inicio de un cambio de  una estructura mental en buena parte de la sociedad venezolana. Hasta ese día el marco clave de la política venezolana era “democracia”, a partir de que Chávez  asumiera su responsabilidad y dijera “por ahora los objetivos que  nos planteamos no fueron logrados”  el encuadre emergente que luego sería dominante sería el de “la revolución”.

 Los marcos son estructuras mentales que le permiten a las personas entender la realidad.Estructuran nuestras ideas y conceptos e incluso la manera en que actuamos en función de ello.  Los marcos surgen a partir de valores compartidos por un grupo.

En 1958 el marco dominante de los venezolanos era la democracia. Al punto que los grupos insurgentes intentaron sin éxito encender la llama revolucionaria. Tuvieron que pasar 34 años para que el marco de la democracia se desdibujara, se desgastara en medio de sus contradicciones y el deseo de cambio. Dando paso a un nuevo marco “el de la revolución” que le sirvió al presidente Chávez para reenmarcar una y otra vez la manera de ver el mundo de buena parte de los venezolanos. Logrando incluso que quienes se le opusieron lo sigan usando, reforzándolo. Por eso el 4 de febrero de 1992 fue el inicio de cuando el marco cambió.