¿Chávez volverá y será millones?

chavez benefactor

Es domingo 7 de abril de 2002. Está por comenzar la semana que radicalizaría la actitud de Hugo Chávez quien fue electo en 1998. El programa dominical del presidente está de nuevo al aire. Lo realiza esta vez en la comodidad de la casa de gobierno: Miraflores. Sentado tras un escritorio,con  chaqueta vinotinto ,dos vasos de agua y un montón de papeles el presidente venezolano habla. Comienza recordando el Día Mundial de la salud, continúa contando la historia del palacio de Miraflores,de cuando se construyó en el siglo diecinueve, después de un micro con Ignacio Ramonet (director entonces de Le Monde Diplomatique) empieza a comentar su libro la Tiranía de la comunicación, pide un pito, recuerda que su hija Rosinés siempre le pita cuando llega por las noches, dice que la cámara de empresarios está fuera de juego: “you are out side Fedecamaras”. Y suena el pito. El presidente habla continuamente  sólo detenido por algunos videos que se intercalan y sirven para incorporar un tema. Habla de la industria petrolera , de la farsa de la meritocracia, de que hay allí subversivos que visten corbata, andan en autos lujosos y ganan sueldos millonarios. Se refiere a llamada Nómina Mayor de PDVSA (Petróleos de Venezuela), la que viene protestando desde hace días porque nombraron como presidente de la empresa a alguien que viene de fuera. El presidente dice que había autorizado negociar con ellos, pero que ya se acabó. Menciona uno a  uno a distintos trabajadores de la élite de PDVSA, les da las gracias y suena el pito. Una  y otra vez hasta completar siete. Seis hombres y una mujer. Luego continúa con una lista de jubilados, habla de salud, educación, anuncia nuevo avión presidencial agradece a ministros que lo escuchan expectantes al frente dispuestos siempre a responder cualquier pregunta.

Cuatro días  y varias marchas masivas  que reivindicaban la meritocracia  terminaron en un golpe de Estado y un contragolpe que restituiría al presidente Chávez el 13 de abril de 2002. La sombra del gobierno chileno de Salvador Allende arropará al chavismo para siempre.

¿El chavismo en Venezuela y América Latina llegó para quedarse? O solamente  el presidente Hugo Chávez  fue quien logró conectarse en sus catorce años de gobierno con el alma  de los venezolanos primero y de los latinoamericanos después, porque logró recuperar los discursos de la izquierda que había quedado huérfana ante el neoliberalismo, porque volvió a poner en el centro a los pobres, porque recuperó la importancia del Estado en la gobernanza de un país y todo lo hizo hablándole de tú a tú a los pobres en vivo, en directo y por televisión. Lo hizo  cantando  boleros, rancheras, o música llanera, recitando poemas y pedazos de libros y haciendo que otros vivieran sus deseos de lanzar la pelota en el Estadio de béisbol de los Yankees de Nueva York, conocer a la Reina de Inglaterra y tratarla como cualquier mortal dándole un beso, trotando en lejanos parajes como la Muralla China o sencillamente diciéndole al Presidente de Estados Unidos que era  el mismo satanás porque en el podio donde acababa de estar olía a azufre.

Chávez, se inauguró públicamente en la política  el 4 de febrero de 1992 frente a los medios de comunicación cuando le tocó rendirse luego del fracaso del golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez  con su célebre frase “por ahora los objetivos que nos trazamos no fueron cumplidos”. Siempre tuvo claro que en el siglo XXI la política se hace a través de los medios de comunicación. Primero creó un periódico, “el Correo del presidente”, luego un programa de radio “Aló presidente”  con participación ciudadana que terminó convirtiéndose en un programa de televisión  en clave de reality show desde el que cada domingo lanzaba sus homilías de varias horas de duración y por las dudas usó y abusó de la posibilidad constitucional de hacer que los medios radioeléctricos  transmitieran de manera simultánea los mensajes dispuestos por su gobierno de manera obligatoria.

Ahora Venezuela es otra

Con Chávez Venezuela cambió. No sólo porque todo se puso más caro o hay más muertos en la calle que hace 14 años. Sino también porque Venezuela se repolitizó. Por que los pobres entendieron la importancia de ser mayoría y porque han sido expresamente visibilizados en la publicidad y propaganda.  Es prender la tele y verse dónde antes no aparecían. Pero la repolitización tuvo un precio que fue la polarización de un país  con una lógica militar binaria: sólo hay buenos y malos, amigos y enemigos. El equipo de beisbol Magallanes, uno de los que tiene más fanáticos no ganaba un campeonato desde la temporada 2001 -2002 ¿La razón? El presidente Chávez era fanático. Casualidad o no este año que el presidente estaba en Cuba volvió a ganar de nuevo. La culpa era de Chávez según algunos fanáticos y opositores. La polarización nos asedia hasta en los más mínimos detalles: en el color de la ropa, la zona dónde vives y el hecho de que epítetos como “chavistas” y “escuálidos” (opositores) se hayan vuelto de uso común.

La utopía desarmada

Buena parte de la izquierda latinoamericana desdeñó siempre la democracia  (en favor de la revolución armada). Chávez la asumió de manera radical en sus discursos y convirtió en moda en América Latina la convocatoria de Asambleas Constituyentes para cambiar la constitución nacional, ganó todas las elecciones presidenciales en las que participó, sólo perdió una de las que promovió (la de la reforma constitucional) que luego fue imponiendo con una fórmula política en la que siempre avanzaba aunque tuviera que retroceder un poco.

La utopía electoral de Chávez siempre tuvo un límite en una advertencia: “somos una revolución pacífica pero armada” no se cansaba de repetir mientras promovía la partidización de la Fuerza Armada y la creación de una milicia popular que respondía directamente a él.

El caudillo pop

Chávez también fue un temido caudillo en la tradición latinoamericana del término, que imponía en su partido a dedazo los vicepresidentes de la organización,los candidatos a gobernador,  un ácido crítico de sus ministros a quienes regañaba y ordenaba  desde su programa de televisión. En su gobierno muchos de sus mandos medios lo llamaban simplemente “el jefe”.

Un hombre fuerte  que impartía “justicia” desde su programa dominical y no dudó en dejar pudrirse en la cárcel a quienes por alguna razón consideró enemigos: los policías vinculados a los sucesos del 11, 12 y 13 de abril de 2002, una juez que cumpliendo la legislación venezolana e internacional liberó a un empresario que tenía más de 2 años detenido de manera preventiva o un  militar que, luego de haber recuperado el hilo constitucional en 2002 y de haber sido nombrado Ministro de Defensa, cayó en desgracia cuando se opuso a la reforma constitucional promovida por el presidente Chávez. Este Ministro de Defensa fue puesto preso por enriquecimiento ilícito en un país donde buena parte de los casos sonados de corrupción no tienen responsables.

La fortuna de la antipolítica

Todo comenzó con tres promesas con las cuales Chávez ganó las elecciones de 1998: combatir la corrupción, la inseguridad y realizar una asamblea constituyente. Un militar golpista que asumía su derrota  fue en Venezuela el ícono de la antipolítica en una campaña en la que también llegaron a participar una ex reina de belleza, un septuagenario caudillo del principal partido socialdemócrata y un empresario. Poco se suele recordar pero Chávez ganó con el amplio apoyo de la clase media que desdeñaba de la política, y de medios de comunicación como el diario El Nacional y el canal de televisión Venevisión. También el chavismo suele olvidar que los primeros dos años del gobierno de Chávez se implementó un paquetazo económico  con el apoyo del Fondo Monetario Internacional en la que se paralizó la inversión social y en infraestructura.

Y sí también es cierto: millones de personas salieron de la pobreza más extrema y  se sintieron atendidas por primera vez por un gobierno en Venezuela. Chávez, ahora embalsamado y con lugar de peregrinación puede convertirse en un personaje tan poderoso simbólicamente como el Ché después de muerto o como Evita Perón. Las luces y sombras de su gobierno están ahora en manos de Nicolás Maduro,chofer, sindicalista y miembro de una banda de rock de los 80 de nombre Enigma. La respuesta final sólo la dará el tiempo.

 PD: Una versión de éste artículo fue publicada por  Rolling Stone argetina.

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