Chavismo popular, izquierda y religiosidad




A lo mejor porque Fidel Castro estudió con los jesuítas, o porque la teología de la liberación fue tan influyente incluso en la izquierda más radical . Quizás porque existe la agenda latinoamericana del padre Casaldaliga con su martirologio latinoamericano como santo y seña de quiénes se consideran progresistas . O porque el Ché Guevara murió para convertirse en mito y en un santo al que le rezan en el lugar de su muerte. O al que ahora se le puede visitar en su mausoleo en Santa Ana, Cuba. La izquierda latinoamericana no tiene arca de Noe pero si tiene Granma. Un barco   que al verlo uno no puede dejar de  preguntarse : ¿Y en esto llegaron para hacer la revolución? Tiene también sus mandamientos en los libros de Martha Hornecker, en los breviarios del FCE, o en  el humor según Rius.
El opio del pueblo en la religión ajena
En América Latina el materialismo histórico dialéctico no choca con la religiosidad. El opio del pueblo es siempre la reliogiosidad del otro ,no la propia. Se peregrina a la Habana aunque últimamente también se hace el camino de Santiago, pero de León de Caracas y no de Compostela. La izquierda latinoamericana está llena de predicadores, de Mesías. En los años 60 fueron el Ché y Fidel, en los 90 un subcomandante Marcos y entrado el siglo XXI un teniente coronel. La izquierda latinoamericana tiene como no, sus apóstoless en personajes como Gabriel García Marquez, Eduardo Galeano, Hebe de Bonafini y unos cuantos más. Judas traicionó a Cristo, y al Ché Guevara  lo traicionó el partido comunista boliviano y los campesinos por los que pretendía luchar. Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano es un libro iniciático que bien podría ser la considerada la biblia de la izquierda latinoamericana de cuyas páginas es imposible olvidar que con toda la plata que se robó Europa del Cerro Rico de Potosí se habría podido construir un puente que atravesara el océano atlántico.

Fidel Castro pasó de ser el predicador de los años 60 al Papa de las nuevas revoluciones. La paz de los focos guerrilleros del continente sólo es posible con su intermediación. Tan pronto estuvo en libertad el futuro presidente Chávez viajó a La Habana donde fue recibido casi como un presidente y ,como no, bendecido por Fidel para todo el continente.Y por supuesto, la izquierda latinoamericana también tiene su resurrección. Al tercer día (del golpe de Estado) Chávez regresó.

Un caldo de fé del que todos beben
Así pues el liderazgo carismático, religioso, el acto de fe en Chávez del chavismo popular# está sostenido en una larga historia que los devotos pueden o no conocer pero que desde el poder si se conoce y se amplifica con imágenes y en las maneras de construir su relato. También la conexión religiosa del presidente se sostiene sobre las múltiples devociones preexistentes de los venezolanos: la devoción a advocaciones marianas como la virgen del valle, o la virgen de la Chiquinqurá, pasando por el siervo de Dios el médico José Gregorio Hernández, la india Marialionza, Negro Primero, el mismo Juan Vicente Gómez al que le prenden velas y como no a la ya famosa Corte Malandra. Pero sin duda la verdadera religión nacional de la que ha hecho uso y abuso el presidente Chávez es la religión bolivariana. Simón Bolívar murió pobre, con ropa prestada luego de haber peleado por  la libertad en casi toda américa del sur. Bolívar hizo de todo y lo hizo bien. Al menos eso es lo que nos cuentan de éste super hombre como lo calificara J. A. Cova en su libro. Bolívar el que fue traicionado por venezolanos y colombianos en la construcción de ese sueño que se llamó Gran Colombia. Ese Bolívar que se ensalza en las sociedades bolivarianas escolares o en la Cátedra Bolivariana de bachillerato. Es Bolívar nuestro libertador cuya épica quedó inconclusa pendiente de que otros la concluyeran. Un Bolívar siempre glorificado desde Páez pasando por Guzmán Blanco hasta llegar como no a nuestros días con una logia militar que conocimos como el Movimiento Bolivariano 200 y luego al poder con el Presidente Chávez.
De representar al pueblo a serlo
En 1998 Hugo Rafael Chávez Frías fue electo por primera vez. Elegido por los venezolanos, por el pueblo para que gobernara el país. En ese instante en que resultó electo el presidente Chávez se convirtió en el representante del pueblo. Un representante además que traía de nuevo al escenario político a la religión durmiente del bolivarianismo. De quién como miembro del ejército venezolano “forjador de libertades” Chávez se sentía representante. Con Chávez los ideales de Bolívar regresaban al poder.

De representante del pueblo el presidente fue convirtiéndose en su voz, reivindicaba en su discurso al pueblo y a lo popular que habían sido lentamente dejados de lado en los gobierno previos a 1998. Chávez asume que la voz del pueblo es la voz de Dios y por tanto había que obedecerla. En el transcurso de estos años y gracias a la propaganda el presidente Chávez ha dejado de ser la voz del pueblo para consustanciarse con él llegando a decir que “ el pueblo es Chávez y Chávez es el pueblo, sobre todo el corazón del pueblo”. Chávez fue convirtiéndose lentamente primero en el redentor de la causa bolivariana, luego en el redentor de la izquierda latinoamericana venida a menos luego de la caída del bloque soviético y la arremetida neoliberal en el mundo y finalmente redentor del pueblo en la tradición de los descamisados de Perón y Evita. Chávez en el imaginario de muchos es él mismo una santísima trinidad. Aunque no la nombren de ésta manera.

Por supuesto Chávez no es Dios. Pero ha logrado construir un relato de si mismo que tiene en Venezuela sólidas bases en las que apoyarse. Y él como político las ha aprovechado. Su constante referencia a lo religioso, a lo bolivariano y al pueblo son una clara expresión de esto. El presidente Chávez ha logrado promover como culto una mezcla de radicalidad conservadora. Su discurso es radical y épico pero apela constantemente a lo religioso expresado de distintas maneras, al bolivarianismo que tenemos los venezolanos tan inculcados y a una idea simple de democracia como gobierno del pueblo en la que se ajusta a sus particulares intereses el concepto de pueblo. Es mejor comprender de una vez que incluso sin la presencia física del presidente Chávez la conexión del chavismo popular izquierda y religiosidad llegó para quedarse.  Habrá que convivir con ella.


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