Al tercer día regresó


 Chávez en abril de 2012. Foto Telesurtv

 

Es miércoles 10 de abril en una arepera de Las Mercedes. Ya ha caído la noche y un grupo de miembros de la organización no gubernamental Asamblea de Educación se reúne para comentar la jornada de protesta ese día en los alrededores de la sede de PDVSA Chuao. Llega Leonardo Carvajal, director de la ong, con las noticias. Se está hablando de convocar una marcha hasta Miraflores para el sábado 13 cuando en la Coordinadora Democrática calculan que podrán tener lista la logística para la movilización.

 

11 de abril

Cuando llegué pasado el mediodía a Chuao aún se concentraba gente en el lugar. Llamé a mi viejo para preguntarle en dónde estaba. Según me dijo en ese momento entraba a la avenida Bolívar. Uno era todo parte de una masa, simplemente me dejaba llevar por un ambiente de convicción festiva. Solo luego sabría que en la autopista, a la altura del hotel Aladdin, le habían disparado a un profesor. A la altura de los tribunales, allí dónde termina la avenida Bolívar alguna gente ya se regresaba, los Policías Metropolitanos ya advertían de cierto peligro. Sin embargo la gente con quien me conseguí había decidido llegar hasta el final. El final era para mí, la avenida Baralt o  El Calvario.

 

Yo he ido a marchas desde que tengo uso de razón pero a mi alrededor también caminaba gente que nunca en su vida había transitado el centro de la ciudad. Se notaba porque confundían los edificios de la zona y no tenían idea de a dónde estaban llegando. A la altura del Centro Simón Bolívar, de la esquina de Pajaritos sentimos un olor inconfundible: el de las bombas lacrimógenas. Continúamos caminando hasta que llegamos a la avenida Baralt dónde se disipaba el olor. Fue extraño. Al menos en ese momento no había mucha gente en la avenida. Parece, según supe luego que muchos estaban entre los predios del Calvario y el Liceo Fermín Toro. Dónde si había visiblemente gente era debajo del puente de Carmelitas, que ese día me enteré que se llamaba de Llaguno. Era gente protegida por la Guardia Nacional.

 

Crucé la Baralt con un amigo, pero el se devolvió cuando vio que un grupo de personas identificadas con el oficialismo habían interceptado a uno de los marchistas y le caían a patadas entre varios. Aquello me hizo ver lo caldeado que estaban los ánimos. Mi amigo, bastante más grande que yo, rescató a la persona y siguió su camino. Subí media cuadra, me encontré con otro conocido de mi viejo, que llevaba una bandera encima y miraba para los lados. Ingenuamente le pregunté ¿y ahora qué hacemos? Y me vio con cara de no saber. Decidí irme para mi casa. Cuando estaba cruzando la avenida Baralt escuché unos tiros, recordé el comentario de uno de los personajes de Territorio Comanche, el libro de Reverte. Mientras los tiros se escuchen estamos bien. Lo malo es cuando uno los deja de escuchar. Me tiré al suelo. Luego los tiros pararon y corrí rápido detrás de un kiosco que estaba al lado de un poste en una esquina . Detrás de ese kiosco la documentalista Liliane Blaser grababa. Como siempre, como en todas las marchas que había estado en mi vida, Blaser grababa. Ella en ese momento grababa una imagen que se hizo célebre en el video de Puente Llaguno Claves de una masacre. La imagen de los PM disparando desde el Rinoceronte. A pocos metros a mi espalda había una jaula de la PM a la que en algún momento en medio de ese tiroteo ví que subían a alguien herido. Creo que mujer. El tiroteo en algún momento arreció de tal manera que el Rinoceronte se fue del lugar así como varias motos de la Policía Metropolitana. Si ellos se iban yo no iba a ser menos. Corrí hacia el este como quien va  buscando la avenida Fuerzas Armadas y me conseguí a dos amigos que justamente venían de los alrededores de Miraflores, me dijeron que había heridos y algo que siempre me llamó la atención: militantes del oficialismo se habían pintado la cara para identificarse entre si.

 

Al llegar a casa toda la atención estaba en la tele. Como muchos, casi no dormí. Las pantallas divididas,Chávez tomando café, hablando de normalidad, la señal tumbada, el cable salvador que permitía ver lo que pasaba, la descripción que desde un principio me pareció tendenciosa de los disparos desde Puente Llaguno. Me pasé todo el 12 esperando la respuesta del chavismo. Viendo en la tele la cacería que se montaba contra representates del gobierno de Chávez. Aquello parecía un reality show policial. Mi madre al ver aquello decidió llamar a casa de la familia Isturiz, para saber de Aristóbulo ¿Cómo estaba? Estaba en casa si, con su familia, según dijo su esposa. Que contaran con nosotros cualquier cosa.

 

¿Cuál era el próximo paso? La Asamblea debía tener la siguiente palabra. Telefonazos que iban y venían en mi casa indicaban que había suficientes diputados del oficialismo dispuestos a que toda vez que había renunciado el presidente de la República un representante de ésta asumiera el poder ejecutivo. Por eso cuando vimos en televisión a Pedro Carmona Estanga jurando constitución en mano frente a sus amigos no quedó ninguna duda aquello era un golpe de Estado ¿Acaso no era obvio desde antes? Como todo en éste país polarizado los venezolanos oscilábamos esos días entre dos modelos mentales: para los que era obvio que se estaba cumpliendo paso a paso el manual de golpes de la CIA y quienes juraban que con aquella inmensa marcha y la torpe acción, el gobierno de Chávez se había desligitimado. No era tan descabellado si se recordaba como en una manifestación tras otra los argentinos habían despachado también uno tras otro a varios presidentes. Pero además de no ser suizos tampoco somos argentinos.

 

El contragolpe

A las 10 de la mañana del sábado 13 de abril, luego de haber visto en varias oportunidades en televisión el curriculum de Carmona Estanga en Globovisión y en los demás canales solo comiquitas recibí una llamada. Un expresidente de la Federación de Centros Universitarios de la Unellez ¿Te acuerdas de mi? Me llamaba para preguntarme si era cierto que Chávez estaba regresando al poder. Aquello me puso sobre alerta. Le dije que no sabía nada y se me ocurrió que si alguien podía saber era la gente  vinculada a las organizaciones de derechos humanos. Llamé a la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz dónde una amiga atendió. Le pregunté sobre violaciones a derechos humanos y me dijo que  tenían mucho trabajo que si la quería ayudar a tomar testimonios. Dije que sí por supuesto y recordé las conversaciones de la noche anterior con una amiga chilena. Cuando la amiga de la Red de Apoyo pasó por la casa me mostró un video que había grabado la noche anterior. Era de Aristóbulo Isturiz, en su casa de la avenida Panteón dando declaraciones sobre el golpe de Estado. Dijo en el video para la ONG: “a ninguno de nosotros se le permite el contacto con los medios de comunicación, nosotros no existimos”. Contrastaba con las declaraciones del Ministro de Defensa de Chávez para ese momento, José Vicente Rangel, que dijo que se iba a tomar  unos días de vacaciones en una entrevista que apareció en El Nacional ese día. Le comenté a mi amiga sobre la llamada telefónica que había recibido y decidió llamar a la casa de Isturiz. Le dijeron que a esa hora no estaba, que había salido. Así supimos que algo estaba pasando.

 

Un polichacao en los grupos revolucionarios

Fuimos a una casa cerca del Ministerio de Educación que fungía de escondite de alguien que nos quería dar su testimonio. Nos dijo su nombre, nos explicó lo que desde su óptica había pasado el 11 de abril, nos decía que lo habían llamado para decirle que gente de toda la ciudad se dirigía hacia Miraflores pero él no podía llegarse hasta allá porque en medio de los tiroteos del jueves 11  le había caído encima la santamaría de un local fracturándole la pierna. Nos dijo que el pertenecía a los grupos de defensa de la revolución, que era  habitante del 23 de Enero. Que cuando el jueves 11 supo que la oposición se dirigía a Miraflores junto con su grupo agarró su arma y se fue a Puente Llaguno a defender el proceso. También nos dijo que él era funcionario de la Policía de Chacao, que el 11 de abril había visto a compañeros suyos fuera de su jurisdicción disparando desde la marcha. Que él los había reconocido. Me dio sus datos y prometí ponerlo en contacto con prensa extranjera para que diera su versión de los hechos. Mi amiga y yo bajamos hasta Miraflores.

 

En Miraflores cuando llegamos no vimos tanta gente como esperábamos.  Según nos dijeron alguna gente se había replegado un poco más abajo de la avenida Urdaneta. También nos dijeron que venía gente caminando desde La Guaira. Lo que si vi pronto es a un grupo de fotógrafos todos juntos al lado de una reja. Si ellos están allí, me dije, en algún momento se iba  a poder entrar.  No pasaron ni diez minutos cuando nos dijeron: pasen corriendo que aún hay francotiradores en los edificios cercanos.

 

Nuestra llave de entrada fue un dirigente del PPT. Al edificio entramos por una pequeña puerta  y luego tocó caminar por un largo pasillo que nos condujo a la oficina que antecede a la sala de reuniones de los ministros. En esa sala se saludaban sonrientes quienes iban llegando a un ambiente  que aún era de alta tensión: Rafael Vargas (secretario de la presidencia), Ernesto Villegas, Jorge Giordani (Ministro de planificación), Elías Jaua (ex ministro de la secretaria), María Urbaneja (Ministra de la salud), Lelys Páez (dirigente del PPT), Ma Cristina Iglesias (Ministra del trabajo), Rafael Simón Jimenez (Vicepresidente de la Asamblea Nacional), el fiscal Isaías Rodríguez, William Lara  (Presidente de la Asamblea Nacional) y el Defensor del Pueblo Germán Mundaraín. También estaba Héctor Navarro quien sentado en un extremo de la mesa dijo: “siéntense, que ahora todos son ministros”. A los periodistas que estábamos por allí nos sacaron a otro cuarto y pretendieron que nombráramos un vocero para que recogiera todos los testimonios. Por supuesto todos  nos negamos. Algunos reporteros estaban allí originalmente para la toma de posesión de los ministros de Pedro Carmona Estanga, otros habíamos llegado después. Sería poco más de las tres de la tarde cuando cuando William Lara le declaró vía telefónica y en vivo a radio Caracol de Colombia y Radio Fe y Alegría desmintiendo el control total de la situación que Carmona Estanga decía tener del país.

 

Ministros por menos de un día

Después de esa esas declaraciones nos llevaron a los periodistas a un salón en  un sótano. En ese lugar había 16 detenidos sentados en pupitres desde el momento en que Casa Militar los había sentado allí 6 horas antes una vez había sido retomado el palacio de gobierno. Entre los detenidos destacan dos: José Gregorio Vásquez, Vice Ministro de la Secretaría de la presidencia designado por Carmona  Estanga y Raúl Armas Ministro de Agricultura y Cría que tampoco pudo sentarse en sus sillas ministeriales. El primero de ellos había sido el maestro de ceremonias durante la juramentación de Carmona Estanga el viernes 12 por la noche. La razón de  que el Fiscal General Isaías Rodríguez nos llevara hasta el sótano fue para que los medios pudiéramos constatar el buen trato dado a los detenidos.

 

José Gregorio Vásquez fue quien en primer lugar habló con los medios presentes, asumiendo su responsabilidad y pidiendo que los demás fueran liberados, porque como pudimos constatar tan solo eran invitados a la fiesta de la toma de posesión o incluso invitados por otros invitados. Unos coleados que  habían quedado atrapados en el estruendoso momento en que todos los demás se dieron a la fuga. Ivette Valdés, una de las invitadas,  lo contó así: “ nadie nos dio explicaciones de nada sólo sentimos que había  una bulla horrible, que iban entrar a Palacio y nos hicieron salir por diferentes sitios y lugares”. Se quejaba eso si, de no saber nada de lo que sucedía  y de la falta de aire acondicionado que los tenía sudando.

 

Mientras tanto en el  salón de sesiones

La otra razón no confesada para haber llevado a ese grupo de periodistas hasta ese sótano seguramente era alejarnos de la sala del consejo de ministros dónde se tomaban decisiones. Según me contaría un par de días después un amigo, hijo de un  para entonces ex ministro del gobierno de Chávez el primero en hablar en esa reunión fue el mayor Jesús Suárez conocido como “Churio”, responsable del círculo más intimo de seguridad del presidente Chávez:  “tenemos Fuerte Tiuna,las guarniciones son nuestras pero estamos perdiendo otra vez la vaina por los medios”. La decisión de tomar un medio de comunicación privado para divulgar lo que sucedía en el país se empezó a considerar. Pero no se quería que fueran sólo militares, debía haber una representación civil para que la toma no fuera vista como un acto de violencia.

 

Bolívar de nuevo en su lugar

Son las ocho menos diez, en el Salón Ayacucho. El principal salón ceremonial de la casa de gobierno. Dos muchachas limpian con servilletas la mesa desde dónde minutos  más tarde se dirigirán al país el presidente de la Asamblea Nacional Wiliam Lara, el fiscal general y el defensor del pueblo. Se quitan las flores usadas en la ceremonia de auto proclamación presidencial de Pedro Carmona Estanga y se coloca en la pared detrás de la mesa el cuadro de Bolívar que el breve gobierno golpista había quitado.

 

La revolución si fue transmitida

 

A las 8 de la noche se informa que el canal del Estado Venezolana de Televisión (VTV) ha sido recuperado y luego de varios intentos finalmente está al aire . Un camarografo en el salón Ayacucho mientras arregla la cámara celebra: “¡Son 24 años en mi canal como me iban a cerrar esa vaina así!”. Entra corriendo un militar y pregunta: “ ¿ alguien sabe si el canal 8 está asegurado?”. Nadie responde en ese momento y el mismo dice : “ ¡A por Globovisión entonces!”.  En el Consejo de Ministros hay euforia total, minutos antes de la reposición de la señal  se había pensado ya en tomar algún canal privado ante la imposibilidad de trasmitir.

 

VTV es una trinchera más en esta retoma del poder. En los demás canales pasan películas y siguen asegurando que la situación es de normalidad. En la señal del Estado habla el presidente del canal Jesús Romero Anselmi mientras hacen tiempo para  que llegue el video en que fueron grabadas las declaraciones del Presidente de la Asamblea Nacional.Mandan a salir a todos los periodistas del salón Ayacucho, para prepararlo para el vicepresidente Ejecutivo Diosdado Cabello ocupará de manera provisional el cargo presidencial. “Ustedes entenderán, no confiamos en nadie”, dice un militar vestido de civil.  Cabello se había ocultado en una ambulancia en los alrededores de Miraflores. Mientras se preparaba todo para la juramentación de Cabello como presidente nos entregaron a los periodistas presentes la fotocopia de un fax en el que Chávez daba fe de vida y afirmaba que él no había renunciado:

 

“Turiamo, 13 de abril 2002. A las 14:45 hrs. Al pueblo  Venezolano… (y a quién pueda interesar). Yo Hugo Chávez Frías, venezolano, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, declaró: No he renunciado al poder legítimo que el pueblo me dio.  (a parte) ¡¡¡Para siempre!! Hugo Chávez F.”

 

Horas de rumores

Envían a la prensa presente al salón de sesiones del Consejo de ministros. El salón  está lleno de gente pendiente de un pequeño televisor. Se confunden allí, ministros, gobernadores, dirigentes de los partidos de gobierno y van acercándose caras que demuestran que la quinta república (como llama Chávez a su gobierno) está cada vez más sólida en el poder.  Pero como son  poco menos de las 10 de la noche, y Chávez aún no está en Caracas, las noticias y los rumores se empiezan a confundir. Se dice que el presidente Chávez lo habrían golpeado y que al negarse a escribir su renuncia (en la madrugada del viernes 12) le dieron un tiro en la pierna. Otra especie que se difunde es que en La Orchila, la isla venezolana en dónde se encuentra el presidente detenido, se encontró un avión que se pretendía usar para llevarlo hasta Estados Unidos y presentarlo como un presidente aliado del narcotráfico al estilo del panameño Manuel Antonio Noriega.

 

Los rumores pasan a un segundo plano cuando se informa a las 10 y 23 minutos de la noche que Pedro Carmona invita al General Lucas Rincón a tomar el poder. Pocos minutos después a las 10 y 52 José Vicente Rangel, Ministro de la Defensa del gabinete de Chávez, reasume su puesto. La euforia estalla en la sala de sesiones del consejos de ministros, masivamente se empiezan a gritar vivas a Chávez, y se grita la consigna de : “¡el pueblo unido jamás será vencido!” Para terminar con un canto general del himno nacional.

 

Minutos después aparece Ramón Rodriguez Chacín, Ministro del Interior que el día viernes había sido detenido por fuerzas policiales vinculadas a grupos de oposición. También se deja  ver con blue jean, cachucha con los colores de la bandera nacional,una chaqueta  y una inmensa sonrisa el alcalde del Municipio Libertador de Caracas, Freddy Bernal. Sin duda el hombre más buscado por el gobierno del  ya depuesto presidente Carmona que le atribuía la responsabilidad de incitar a grupos partidarios  a armarse para defender la “revolución”.

 

Diosdado Cabello,  da una rueda de prensa que acaba exactamente a la media noche. Poco después se informa que Chávez ya está en camino.Nos dicen que está en La Placera en la ciudad de Maracay (a 100 km de Caracas) y que de allí vendrá a Miraflores en helicóptero. Alas 4: 26  am  baja Chávez de éste, lo ayudan a caminar por las escaleras por lo que algunos periodistas suponemos que efectivamente le han dado un tiro en la pierna. Pero los rumores se disipan al entrar en el salón Ayacucho.

 

A las 5 de la mañana del domingo 14 de abril luego de saludar a todo el mundo Chávez da una declaración. Habla de paz y calma. Pueden adversarlo a él, dice con una cruz en la mano, pero no a la constitución. Agradece a Miguel Henrique Otero por haberle dado espacio en la edición del sábado a José VIcente Rangel y a las voces críticas que hablaban de golpe de Estado. También agradece a Alberto Federico Ravell  por haberse preocupado por Marisabel Rodríguez.  El Bolívar del cuadro a sus espaldas lo mira nuevamente sobre su hombro. Los canales de televisión están de nuevo en cadena nacional. La  quinta república ha regresado. Desde ese momento la historia de lo que ocurrió ese día empezó a convertirse en parte de la épica gubernamental. Una épica “revolucionaria” que comprendí meses después cuando en una cola para entrar a  ver a el Presidente  Chávez en el Teatro Municipal una señora emocionada me dijo: “Es que Chávez es como Jesús, al tercer día regresó”.

 

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