Ucevista hoy y siempre


Apenas había nacido yo, cuando a los tres meses mi papá comenzó a ser profesor de la UCV
, de la escuela de Educación. Una escuela de la que tengo un montón de recuerdos, antes de tener los de mi propia escuela, la de comunicación social. Recuerdo al librero de la planta baja con el que yo desde pequeño me ponía a hablar.  Recuerdo que los profesores de la escuela de educación compraban más en el cafetín de administración que en el de la misma escuela. Recuerdo que la primera vez que vi unas cámaras de televisión fue en el departamento de tecnología educativa. En las escaleras de la escuela de educación más de una vez jugué con mi hermana.Y sobre todo recuerdo cuando los hijos de profesores de la escuela  plantamos los árboles del edificio transbordo.

Recuerdo también como ya más grande el chichero de la UCV, no el actual sino quien supongo debía ser su abuelo me fiaba las chichas
y se las cobraba a mi papá. Porque no hay mejor chicha en Caracas, aún hoy que la del reloj de la UCV. Y siempre que voy a la Central, si es antes del mediodía me tomo mi chicha con carato  de ajonjolí.

El teatro infantil El Chichón y el grupo de Títeres Cantalicio son dos de mis recuerdos de fin de semana.
A sus funciones asistí una y otra vez desde chiquito. Ya un poco más grande conocí al director de El Chichón, Armando Carías que fue alguna vez a la casa a la sopita de los sábados. Muchos años después Carías censuraría mi programa de cine  en RNV. Pero esa es una historia que ya conté en otra ocasión. Nariz de chuleta ¡no! Nariz de Chancleta sería ese títere maravilloso que abriría mi vocación de titiritero. Porque antes de la de periodista yo tuve solo dos vocaciones: la de titiritero y la de bombero. A los siete años presenté mi primera obra de títeres Los niños de las flores. Eran títeres hechos de papel y con paletas de helados… dónde los malos eran los cochinos y los buenos los ecologistas. Después de allí vendría títeres de papel maché, marionetas, títeres de dedo y mi hermoso guiñol rojo que confieso que usé poco en la Barcelona de mi infancia.

En mi casa desde pequeño me acostumbré a escuchar música clásica. Y los domingos en la mañana la música clásica era en la UCV, en la Sala de Conciertos donde escuchábamos  a la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas (o cual fuera la orquesta que tocara allí). Años después en otra época de mi vida ese aprendizaje se traduciría en mi gusto por ir a los conciertos de «la juvenil» los sábados por la tarde.

Si hay un himno que conocí desde chiquito y que quise cantar siempre en el Aula Magna cuando me graduara de estudiar allí, ese era el himno de la UCV: «Campesino que labras la tierra, marinero que estás en el mar, miliciano que vas a la guerra con tu canto infinito de paz…nuestro mundo de azules boínas os invita su voz a escuchar..» Bueno ustedes saben.
Y en 2004 lo hice, lo canté, allí el día de mi graduación.

Mi primer empleo también tuvo que ver con la UCV, fue Letras, el periódico universitario, al que entré un año antes de comenzar la Escuela de Comunicación Social. Un periódico que, aunque no pertenecía a la UCV en el sentido propietario si había nacido allí.  Para mí tenía ese sentido inteligente e irreverente que creía yo debía tener lo universitarios antes de entrar en la UCV… y además lo dirigía (o al menos eso decía en la página 2) uno de los columnistas más admirados por mi entonces: Earle Herrera.

La UCV es una universidad de verdad, en el sentido de universalidad.
En el sentido de que aun siguen llegando a estudiar allí jóvenes de todas las procedencias sociales. Más o menos que antes me dirán ustedes pero siguen llegando y la UCV como institución se esfuerza en que eso sea así con programas como Samuel Robinson , las pruebas internas, las evaluaciones vocacionales, los cursos propedeúticos.

Ese sentido de universalidad de la Central, uno lo palpa desde el primer momento tanto con los profesores como con los alumnos.  En la Escuela de Comunicación de la UCV tuve yo dos profesores que políticamente estaban uno al extremo del otro: Edgard Pulido quien nos daba Política Internacional con una visión claramente materialista histórica  del mundo y el profesor de Economía un divertidísimo «neoliberal salvaje» que trabajó en el equipo de Miguel Rodríguez en los tiempos de CAP cuyo nombre lamentablemente no me acuerdo. Ambos fueron para mí, sin duda, dos de mis mejores profesores.  Sin duda dos de los que más disfruté, expresión extrema ambos de eso que llaman Libertad de Cátedra y una de las cosas que a uno como estudiante lo fuerza a mirar distintas perspectivas a la de uno, o incluso fortalecer a la que uno pueda tener para argumentarle al profesor. Te fuerza a estudiar, a pensar y repensar. Por supuesto siempre habrá quien esté dispuesto a repetir, que solo quiere el abc, que entre en la universidad con un sentido de aprendizaje técnico pero entre un montón de gente que entra en la carrera eso siempre es posible.

Regreso un poco más en tiempo atrás y recuerdo  cuando yo estudiaba bachillerato, cuando creamos el Frente Independiente de Educación Media y nos reuníamos en la UCV con las otras dos organizaciones estudiantiles importantes de entonces : La UJR y el MJEZ. Allí junto con nuestros mayores universitarios coordinábamos las acciones de protesta a favor del Pasaje Estudiantil Universitario, ese que en los tiempos de Caldera  el actual revolucionario Jorge Rodríguez, se encargó de empezar a  desmantelar a través de la oficina de Pasaje Preferencial Estudiantil.

Recuerdo también que era en la UCV, en la imprenta de la FCU, donde imprimíamos Mos-K!, el periódico de educación media que empezó como un pequeño proyecto en el Liceo Andrés Bello y se terminó repartiendo en 12 liceos caraqueños. 2 mil ejemplares era su tiraje.

Ya en la UCV, me incorporé a Comunicación Activa, un grupo de estudiantes impulsados por algunas compañeras de semestres más avanzados que nos animaron a hacer cosas por la escuela. Un año después  competiríamos por el Centro de Estudiantes de la escuela y nos animaríamos a apoyar al Movimiento Autónomo de Bases, la 25, como equipo de Federación.Yo mismo asistía a las reuniones del equipo de FCU de la 25 en los tiempos de Ricardo Menéndez, luego en los tiempos de Juan Carlos yo me fui alejando de la política de la UCV. Y asumiendo más mi vocación de mirón, comprendiendo que mi militancia sería desde entonces el periodismo.

En la UCV también pertenecí a dos grupos, el primero de ellos fue la Coordinadora de Cineclubes, allí tuve la oportunidad de compartir con estudiantes interesados en el Cine de distintas facultades, de hacer un curso de cineclubismo y de ver películas y comentarlas. Recuerdo por ejemplo cuando vimos una crudísima película llamada Kids, hoy de culto. Recuerdo del Cineclub también la primera vez que nos tocó usar recursos de la UCV para la compra de equipos y los preocupados que estábamos por las facturas y los precios.

Al otro grupo al que pertencecí en dos oportunidades distintas, fue al Taller Experimental de Danza Pisorrojo
. En los tiempos en que lo dirigía Fito. Cuando finalmente asumí que quería hacer danza las clases fueron de los momentos más felices de mi vida. Siempre me ha gustado bailar, moverme, sentir la música aunque soy pésimo siguiendo coreografías. Las clases además con Elio, Fito, Moraima eran fabulosas.Uno descubría  su cuerpo cada día. Sobre todo las primeras clases en la que todo dolía, en las que el cuerpo iba despertando.Varias veces me llegué a preguntar: ¿periodismo o danza? Sobre todo cuando me dí cuenta que los dos requerían de una entrega total. Terminó ganando el periodismo pero cada vez que veo a mis ex compañeros de clases bailando  me despecho un poco.

Por todo lo escrito más arriba, a mi me duele, de manera casi personal, el ataque sistemático que tiene el actual gobierno con la UCV. A la que le asigna, la misma cantidad de recursos deficitarios desde hace cuatro años. A la que quiere obligar a que disminuya las opciones de ingreso con la eliminación de pruebas internas. A la que obliga a paralizar la construcción de su zona rental que le permitiría generar ingresos propios.  Se trata de la misma UCV a la que militantes del sector gubernamental atacan a tiros y bombas, a la que le destruyen sus obras de arte ¿Cómo se pueden llamar a si mismos estos personajes universitarios? Son los mismos cuyo gobierno no hace prácticamente nada por mantener la seguridad en las afueras de la UCV, los que se niegan  que se coloquen rejas en las entradas de la universidad que de paso estaban proyectadas en los planos originales. Los mismos que apoyaron el crecimiento de la UBV, esa universidad enrejada que veo cada día que me toca ir hacia el postgrado de la UCV. Los que se la pasan hablando de la corrupción en la UCV que muestren entonces cuales son los corruptos aliados en el gobierno que la permiten porque la UCV  pasa la controlaría de cuatro niveles distintos: uno interno y varios más puertas afuera. La estrategia es que la UCV mendigue sus recursos a través de los créditos adicionales que tiene. Que los profesores y empleados no sepan si esta quincena cobran. Que la UCV se aisle del país y del mundo al no tener recursos para investigaciones, quieren en definitiva que la UCV y con ella todas las universidades autónomas se conviertan en escuelitas  repetidoras de ideologías  y no en lugares para pensar, debatir, contrariar.

Es verdad, estoy consciente que no todos los militantes del oficialismo comparten el ataque sistemático a las universidades autónomas. Pero creo que deberían manifestarlos más públicamente, especialmente aquellos que están en cargos públicos de poder  y que serían más escuchados.

Yo Rodolfo A. Rico, soy ucevista hoy, ucevista siempre.

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3 comentarios en “Ucevista hoy y siempre

  1. Rodo que maravilla!

    Si existe la envidia buena, yo la tengo…

    Creo que la UCV dejó de ser sólo una universidad para ser una institución…

  2. Es verdad y me crie viendo ese espiritud en la universidad de la UCV ya no se observa. Se criticaban al sistema con bases filosoficas y cientifica. Ya ese espiritud se abolido en la UCV, creo que ahora se encuentra en las calles Venezolanas.
    Nariz de Chancleta es una creacion del magnifico director del Cantalicio Felipe Rivas.

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