Crónicas incompletas de Carnaval

Llegamos al terminal de La Bandera. Es viernes antes de Carnaval. Son cerca de las seis de la tarde. No teneos pasaje y el lugar está a reventar de gente. En las afueras alguien grita que 200 hasta barquisimeto. Una barbaridad hasta ahí mismito. Seguimos escuchando y preguntando. Alguien grita “mérida,mérida,merida” como si fuese un loro entrenado. Lo seguimos, no solo nosotros sino como diez más. El viste una camisa azul con rayas blancas y lo seguimos nosotros que cada vez somos más gente detrás siguiéndole el paso como si fuese el líder de una estampida animal.Llegamos a una puerta y allí le dicen a él, al líder que no, que por allí no se puede pasar. El da un nombre clave y no le para.Insulta al portero y vuelve a caminar y nosotros tras él recorriendo el terminal. De un lado a otro, de otro a un lado, bajamos unas escaleras, somos ya tantos que solo seguimos a alguien más.Vemos llegar a un grupo hasta una nueva puerta, pero no al líder que nadie sabe ya donde está. No le vemos.Nos perdemos y nos mezclamos con el resto, con el todomundo porque ya dejamos de ser bandada.

II
Acaba de llegar un bus. Un expresos de dos pisos, de los que mientan buscama. Mi novia va y pregunta. Le dice a un conductor que si quedará algún puesto. Nosotros no tenemos pasaje. El le dice que si. Que se espere.Que tiene que ver o que ya verá. Empieza entrar la gente pasaje en mano. Ya pasan de las 7 y 30 y cuentan 36 personas a bordo. Quedan puestos. Pero ahora es que empieza a llegar la gente. Todo el mundo retrasado parece que van arruinando minuto a minuto nuestras esperanzas. Se montan siete de un golpe y luego cinco más. Junto a nosotros espera también una pareja con dos carricitos. Y hay algunos ás dispuestos a viajar como sea. Y sigue llegando la gente con pasaje y nosotros justo al frente de la puerta viéndolos entrar. Yo miro para un lado o para otro y mi novia me reclama: “Esto es un asunto de contacto visual, mira al conductor” Y entonces me paso el rato buscando la mirada del conductor o en su defecto del colector. Quedan 11 puesto y a cada persona nueva que como nosotros se acerca a preguntar porque no tiene pasaje le dicen lo mismo, que no hay, que está full o en el mejor de los casos que después de la parejita, de la otra parejita con muchachos y del señor con bigote que parece al invencible galo Obélix.  Quedan seis puestos. Cuando ya creo que vamos a entrar llegan más retrasados. Nos dicen que solo quedan dos. Uno en la parte de arriba y otro con los conductores. Si no tenemos problemas estamos adentro. Desde luego que no tenemos ningún problema al respecto. Mi novia me pregunta si va ella adelante con los conductores. Yo no la dejo ni pensarlo. No es que sea desconfiado pero si fanático de las películas de terror. Ella arriba y yo con los conductores.

III
Son dos los conductores aunque se turnan. El más joven que justo está cumpliendo 32 años hoy cuando el bus está retocediendo ve a una mujer con una maleta y dos bolsos. Una blanca de razgos morenos, pelo ensortijado, caderona y otras onas. El le dice que si no tiene problemas en ir allí con un banquito que le traen más tarde se puede subir. Yo estoy en mi cómodo asiento de copiloto y ella a un lado parada. Hasta ese momento no quedaba supuestamente ni un puesto más. Llega el colector para cobrarme ¿Pregunto que cuánto es finalmente? Esperando que me dijera que eran 200 por persona. Pero no son cien. Pago sorprendido aun de que había perdido mi tiempo arreglando varias veces la plata, pensando en regatearle. El pasaje me estaba saliendo más barato de lo que incluso me hubiese salido comprandolo en el terminal privado donde primero miré.
IV
-”Mi nombre es Lucila, pero me puedes decir Lucía”, dice ella cada vez que se presenta. Ella es la joven de 34 años que me acompaña a mi y al conductor en este viaje.El otro conductor, luego de un corto rato de compañía entró al camerino a dormir. Dice que tiene 10 años trabajando con una familia cuidándole los muchachos. Y que hubo un tiempo que hacía horas extras cuidando también otros hijos. No tiene  hijos, no. Dice que no quiere tener. Ni marido. Ni perro que le ladre. No soy yo el preguntón que no pierde la maña profesional. Es el  cumpleañero conductor que se muestra interesado. El coquetea, se insinúa. Ella esquiva muy femeninamente sonriendo. Dice que se mantiene parada por la gastritis, que le duele más cuando se sienta en el banquito.Yo me voy durmiendo. Al regreso de la parada nocturna, el conductor es el que estaba en el camerino. Y Lucila tampoco está sentada a mi lado. Cuando pregunto él lo que hace es sonreírse. Los dos sabemos dónde está.

V
Eso de ser conductor  de autobuses expresos no es cosa fácil.Nunca se está en casa, las mujeres desconfían de uno, porque juran que como los marineros se tiene una en cada puerto y de paso los dueños de los autobuses son mala gente. Esto me  lo cuenta uno de los conductores, que también cuenta que el de ese autobús no lo es tanto, que es un señor que los despide y hasta los bendice cada vez que salen. 140 mil bolívares por viaje es lo que ganan y solo les dan para una comida diaria. La otra que se la resuelvan.Generalmente en las paradas de autobuses les dan comida a cambio de la mucha gente que llevan a comer.Antes les daban para dos comidas.Pero ya nada es como antes.

VI
La Feria del sol de Mérida es un desmadre.Lo sabemos  desde que entramos. Una cola retrasa nuestra llegada al terminal. Pero es poco comparado con lo que veremos esa noche. Por la Ley Seca prohibieron varios de los conciertos. Pero eso en realidad no parece importarle a nadie. Pues la cerveza y los pinchos corren por la calle que conduce al coso de toros y  más allá. Los carros están parados por todos lados y yo no termino de comprender porque siquiera los dejan pasar.Pero es sabroso caminar por allí toreando carros y gente. Bailando un poco aquí y allá y pasando por lugares que hasta hace pocos días estaban incendiados literal y literariamente.Nosotros bajamos caminando  a unos amigos que buscan a unos amigos que no son los nuestros que al parecer están en un lugar más allá que acá. Seguimos la corriente y el espíritu de la noche. Me provoca varias veces bailar. Nos tomamos una cervecita aquí y allá y lo hacemos poco porque hay otros que toman aquí, aquiita y como no también allaíta.

VI La mañana siguiente de desmadre vamos a desayunar al mercado. EN Mérida, decidimos que comemos pastelitos. Confieso que a mi no me gustaron para nada. He comido mejores en Caracas. Estos parecen pastelitos industrializados, comprados por cajas al por mayor. La carne parece esencia. Los paso con abundante picante. Pero allí mismo luego dar una vuelta  por todo el mercado viendo cuanta tiendita se puede encontrar decidimos arriesgarnos a probar el Levatón andino. Un menjurge potente e hipercalórico que tiene un monton de ingredientes que hacen que uno no pueda pensar forma que aquello sepa sabroso. Pero lo sabe. Lo acalora a uno en todos los sentidos posibles. y como no, se disfruta.

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Un comentario en “Crónicas incompletas de Carnaval

  1. Bueno Rodolfo, lo que me parece es que esta es la línea, tú necesitas escribir y no sólo los textos académicos y periodíasticos sino también, tanto la ficción como sas vivencias que hacen que la cotidianidad se convierta en reflexión, pensamiento, y porqué no en arte. Hazlo ya que tú tiene un potencial muy valioso, Dios o la naturaleza nos dió el privilegio de tener dos hijos especiales, creativos, inteligenbtes y valiosos, haz todo elesfuerzo por seguir ese, tu camino: escribir hasta el cansancio. Tú padre.

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