Crónica vital de mi Ateneo de Caracas

El ateneo de Caracas siempre fue más que un lugar. Fue una zona entera. Fue también ese no lugar en el que se interceptaban el ateneo, el rajatabla y el teresa. Fue el Espacio Balzac, La libreria , La terraza (en cualquiera de sus encarnaciones), el restaurante (que pasó por varias manos) y por supuesto su cine. También para mi, fue la sede de Amistía en Venezuela, el lugar de encuentro después del liceo, el sitio dónde vi mis primeras películas de adultos aun sin serlo porque eran de arte y ensayo. Betty Blue, Las Edades de Lulu me vienen a la memoria cuando pienso en eso.

También en ese espacio Ateneo- Rajatabla fue donde compré mis primeros fanzines a los punks de la zona, dónde me tropecé  por primera vez con gente jarabeada, fumada y también, como no, straight.

La terraza del ateneo (que también se llamó la barra) fue el lugar donde empecé a intentar bailar salsa, donde bailé merengue y el único que me ha visto bailar reggaetón. Esa terraza era el lugar fijo de escape luego de la clase de ballet en el teresa.  Y el recorrido entre esa barra y el Café Rajatabla siempre fue asunto obligado entre viernes y sábado.

La terraza (junto con el Rajatabla) era el lugar perfecto para ver desfilar a las hermosas bailarinas , a las estudiantes de teatro y las hippies más intensas. Y también dónde llegaban las estudiantes más interesantes de humanidades y ciencias sociales de la UCV y la UCAB.

El cine del Ateneo fue también el espacio dónde el periódico Letras se inventó aquellos fabulosos trasnochos cinematográficos (amanecíamos viendo películas) y donde vi 10 veces Pulp Fiction. Además de todas las películas de todos los festivales durante una buena temporada en la que un buen amigo me facilitaba entradas de cortesía.

Fue también el lugar donde vi mis primeras obras de teatro adultas (por que las de chico las veia en el Tilingo o en la UCV). Dónde vi  El Coronel no tiene quien le escriba de Rajatabla y donde vi un par de veces  El Contrabajo con Giovanni Realli uno de los mejores actores que tenemos. Además claro de muchas obras de teatro que ahora mismo no hay espacio para nombrar o sencillamente no me vienen a la cabeza.

El Ateneo de Caracas fue el sitio de encuentro para los que disfrutábamos del festival de música electrónica y también en varias oportunidades de la Muestra de Nuevas Bandas que empezó a convertirse allí en Festival. Allí fue la primera vez que escuché a una banda de Death metal y en el que me quedé prendado de la entonces corista de Los Grillos mientras tanto. Que por cierto nunca me paró ni medio (debe ser porque la cosa me la guardé casi en secreto).

La libreria del Ateneo de Caracas siempre fue una fija en mis recorridos libreros junto a Monteavila (desaparecida ya), Ludens, Suma (falleció su dueño) y la del Fondo de Cultura. Y en la época en que Juan Carlos Báez estaba allí también recuerdo las conversas con mi viejo. Pero es verdad que muchas veces veía un libro allí y lo buscaba luego en Monteavila o en Suma porque a veces resultaba cara. Siempre me hacia el loco cuando me decian que dejara el bolso en la entrada.

Si uno no estaba en las escaleritas enfrente de la salida de la Ana Julia Rojas, estaba seguro sentado en las del Espacio Balzac dedicado a ver pasar la gente, conversar con algún artesano o con algún pana que por allí estaba. Hace varios años por cierto que quitaron el Balzac de allí y el nombre perdió todo sentido.

El ateneo de Caracas es también en la intersección de La Candelaria, San Agustín, Los Caobos y Quebrada Honda.

Anuncia el presidente que ahora el edificio que ocupa el Ateneo de Caracas será la sede de Uneartes. Y como es obvio que allí no cabe una universidad y que el antiguo Iudet , Iuespar, Iudanza hace rato que tienen sus propias sedes el lugar pasará a convertirse de un lugar para la cultura a uno dedicado a la burocracia. Y esta ciudad una vez más, por el acto de un burócrata perderá otro espacio.

Y si, digo mi Ateneo de Caracas porque los espacios  son mucho más que la gente que es dueña de ellos, también aunque ellos quieran o no les pertence a los que hacen vida allí, interactúan o simplementen transitan. Como yo. Uno más.

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