Crónicas bolivianas (1)

I
16:18 horas
Estamos a punto de partir. Me tocó la cola. El último puesto. Detrás de mi la cocina del avión. Delante un montón de francofonos. Lo malo de la cola es que si sucede algo solo te descubren en la segunda temporada.

II
Media hora después de alcanzar los 32 mil pies.Luego de quenos sirvieran unas hojuelas de maíz fritas, gratis, apenas me había tomado mi zumo de manzana. Aun con el vaso, vacío en la mano. Cuando ya alguna gente comía el sanwich de pollo por cinco dólares y las azafatas andaban ya por la mitad del avión entramos en una turbulencia y nos sentimos en una montaña rusa. Algún grito, alguien que se elevó un poco por no llevar el cinturón puesto y mi vecino que me echó parte de su wisky encima. Y yo adicto a Lost desde las últimas semanas buscaba por allí los números pavosos. Pero los más cercanos eran los de los puestos y los del aviónairbus 321 en la cartilla de seguridad.
III
Parada en el aeropuerto JOrge Chávez de Lima. Para cambiar de avión. Muchos venezolanos apunta alguíén por alli: gente de casa militar, pdvsa y nosotros que somos un combo también.

IV
Teníamos reservado un hotelito barato para nosotros los pobres, pero por cortesía y mientras nos consiguen un aprtamemto para alquilar nos invitan a quedarnos en un hotel cinco estrellas.Luego de haber dado vueltas en varios llegamos allí. Mi mayor novedad en el hotel es que le piso del baño y solo el del baño, está calentito. Las sabanas frias, los edredones apenas conservan el que es mi calor. Provoca echarse a dormir en el baño.

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3 comentarios en “Crónicas bolivianas (1)

  1. Ay! Meu deus du zeus!! Jajaja… Estas crónicas “concisas pero efectivas” me dejan la imaginación desbordada: ví sandwiches de pollo volando luego de imaginarme una escena tipo la de la película de “sobrevivientes” sobre el accidente de aquel avión en el que la cola del avión quedó en primer plano, contrario a tu afirmación… para luego imaginarme la escena de un aeropuerto militar en el que hacen abordar a una tropa, bajo instrucciones de algún alto mando, en un avión determinado.

    El punto cuatro de tu aventura me trajo recuerdos que, vistos por mí ahora, en la distancia, me dan ganas de llorar por haber aguantado tanto, pero que seguro te darán un poquito de consuelo: a mí me tocó vivir un año y 3 meses en una casa belga en donde lo único que había caliente era el aire de la sala, siempre que no te pararas cerca de la puerta al sótano.

    El baño, al fondo de la casa, que yo siempre creí había sido un “anexo tardío”, era la parte más fría de toda la casa después del dormitorio principal en el piso de arriba. Era tal la humedad de toda la casa que en las paredes habían trazas de moho y había que dejar abiertas parte de las ventanas del baño y el cuarto durante el día para disminuir el avance de las esporas.

    La cama en esa casa belga estaba a la cómoda temperatura de 1 ó 2 grados por encima del frío de la calle (llegué a registrar menos 5.. .y nos é qué porquería sea eso de menos 5, pero sé que se siente uno que todo le tiembla y castañetea) y en el piso de arriba de la casa no había sino un calentador de aceite que había que arrastrar de un cuarto a otro.

    Yo sacaba el calefactor media hora antes de irme para calentar algo el dormitorio y ponía unos segundos el pijama sobre el radiador para sacarles algo de la humedad porque se sentían mojados al tacto y fríos como si hubieran sido recién recogidos de un tendedero. El edredón me tocaba calentarlo hasta una hora con mi propio cuerpo antes de poder dormirme…

    Tranquilo que vas para adelante, fíjate que hasta suerte tuviste de que te tocara un hotel cinco estrellas con calefacción en el piso del baño! En última instancia, te arrastras el colchón para allá y te duermes sobre el piso estrellado de ese hotel… a ver quién te dice que no!! jajajajajajaja…

    Un abrazote!

  2. Ay! Meu deus du zeus!! Jajaja… Estas crónicas “concisas pero efectivas” me dejan la imaginación desbordada: ví sandwiches de pollo volando luego de imaginarme una escena tipo la de la película de “sobrevivientes” sobre el accidente de aquel avión en el que la cola del avión quedó en primer plano, contrario a tu afirmación… para luego imaginarme la escena de un aeropuerto militar en el que hacen abordar a una tropa, bajo instrucciones de algún alto mando, en un avión determinado.El punto cuatro de tu aventura me trajo recuerdos que, vistos por mí ahora, en la distancia, me dan ganas de llorar por haber aguantado tanto, pero que seguro te darán un poquito de consuelo: a mí me tocó vivir un año y 3 meses en una casa belga en donde lo único que había caliente era el aire de la sala, siempre que no te pararas cerca de la puerta al sótano. El baño, al fondo de la casa, que yo siempre creí había sido un “anexo tardío”, era la parte más fría de toda la casa después del dormitorio principal en el piso de arriba. Era tal la humedad de toda la casa que en las paredes habían trazas de moho y había que dejar abiertas parte de las ventanas del baño y el cuarto durante el día para disminuir el avance de las esporas. La cama en esa casa belga estaba a la cómoda temperatura de 1 ó 2 grados por encima del frío de la calle (llegué a registrar menos 5.. .y nos é qué porquería sea eso de menos 5, pero sé que se siente uno que todo le tiembla y castañetea) y en el piso de arriba de la casa no había sino un calentador de aceite que había que arrastrar de un cuarto a otro. Yo sacaba el calefactor media hora antes de irme para calentar algo el dormitorio y ponía unos segundos el pijama sobre el radiador para sacarles algo de la humedad porque se sentían mojados al tacto y fríos como si hubieran sido recién recogidos de un tendedero. El edredón me tocaba calentarlo hasta una hora con mi propio cuerpo antes de poder dormirme…Tranquilo que vas para adelante, fíjate que hasta suerte tuviste de que te tocara un hotel cinco estrellas con calefacción en el piso del baño! En última instancia, te arrastras el colchón para allá y te duermes sobre el piso estrellado de ese hotel… a ver quién te dice que no!! jajajajajajaja…Un abrazote!

  3. Ay! Meu deus du zeus!! Jajaja… Estas crónicas “concisas pero efectivas” me dejan la imaginación desbordada: ví sandwiches de pollo volando luego de imaginarme una escena tipo la de la película de “sobrevivientes” sobre el accidente de aquel avión en el que la cola del avión quedó en primer plano, contrario a tu afirmación… para luego imaginarme la escena de un aeropuerto militar en el que hacen abordar a una tropa, bajo instrucciones de algún alto mando, en un avión determinado.

    El punto cuatro de tu aventura me trajo recuerdos que, vistos por mí ahora, en la distancia, me dan ganas de llorar por haber aguantado tanto, pero que seguro te darán un poquito de consuelo: a mí me tocó vivir un año y 3 meses en una casa belga en donde lo único que había caliente era el aire de la sala, siempre que no te pararas cerca de la puerta al sótano.

    El baño, al fondo de la casa, que yo siempre creí había sido un “anexo tardío”, era la parte más fría de toda la casa después del dormitorio principal en el piso de arriba. Era tal la humedad de toda la casa que en las paredes habían trazas de moho y había que dejar abiertas parte de las ventanas del baño y el cuarto durante el día para disminuir el avance de las esporas.

    La cama en esa casa belga estaba a la cómoda temperatura de 1 ó 2 grados por encima del frío de la calle (llegué a registrar menos 5.. .y nos é qué porquería sea eso de menos 5, pero sé que se siente uno que todo le tiembla y castañetea) y en el piso de arriba de la casa no había sino un calentador de aceite que había que arrastrar de un cuarto a otro.

    Yo sacaba el calefactor media hora antes de irme para calentar algo el dormitorio y ponía unos segundos el pijama sobre el radiador para sacarles algo de la humedad porque se sentían mojados al tacto y fríos como si hubieran sido recién recogidos de un tendedero. El edredón me tocaba calentarlo hasta una hora con mi propio cuerpo antes de poder dormirme…

    Tranquilo que vas para adelante, fíjate que hasta suerte tuviste de que te tocara un hotel cinco estrellas con calefacción en el piso del baño! En última instancia, te arrastras el colchón para allá y te duermes sobre el piso estrellado de ese hotel… a ver quién te dice que no!! jajajajajajaja…

    Un abrazote!

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