El mejor pan de jamón del mundo

Terminó diciembre. Se fueron las navidades, y un año más.Creo que no lo he contado aquí pero las navidades para mi siempre tienen un nombre. El de mi abuelo Jesús.Abuelo que falleció hace ya algunos años luego que le diera un acv, pero estoy seguro que fue sobre todo de tristeza, el tan autosuficiente se vio obligado desde entonces a depender de los demás.

Pero eso no es lo que quiero contar. Mi abuelo era maestro de panaderia y pasteleria y fue a punta de pan que levantó a sus hijos (con la ayuda de la abuela que vendía AVON-aun lo hace de vez en cuando- y ropa que compraba en Margarita).Lo cierto es que aunque desde que yo recuerdo ya no trabajaba haciendo pan sino como hacedor de trámites para empresarios colombianos. Pero un mes al año, en diciembre, mi abuelo se volvía una vez más panadero y hacia para toda la familia los mejores y más bellos panes de jamón del mundo.Trabajaba ese mes en una panaderia de Catia y hacia para cada rama de la familia al menos un pan de jamón inmenso, adornado, con jamón y tocinenta de la mejor calidad, amasado con la mejor grasa, las mejores aceitunas y pasitas y sobre todo con el cariño de un andino que había visto crecer su familia.

Diciembre es para mi también el hervido que todos los 25 comemos en casa de mi abuela, su esposa, y el mondongo que devoramos también todos los primeros de enero.Mi abuelo en esas comidas tenía un particular papel y era el de no dejarnos parar de allí hasta que repitieramos la sopa.Sino siempre erámos sospechosos de que aquello no nos había gustado. “Pero Jesús, sino quiere dejalo tranquilo”, tenía que decir mi abuela.

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9 comentarios en “El mejor pan de jamón del mundo

  1. Yo los prepraro yo misma, seguro sin el arte de tu abuelo pero si como dir’ia Tita la de “Como agua para chocolate” ,con mucho amor. Este a~no me saturé de él y ya el 30 hice los últimos. Es lindo ese recuerdo, espero se siga la tradición del abuelo por mucho tiempo. Asi mismo me gusta meter la pata con mi propia ponche crema, hallacas, ensalada, pernil o pavo o jamón planchado o simple pollo, lo que no hago es dulce de lechoza porque no soy fanática. Cada uno de estos platos son más que saber como se mezclan, ponerle buenos igredientes, presentarlos bien: hacerlos requiere dedicación, esa particular forma de expresar cariño. Abrazos!

  2. Yo los prepraro yo misma, seguro sin el arte de tu abuelo pero si como dir’ia Tita la de “Como agua para chocolate” ,con mucho amor. Este a~no me saturé de él y ya el 30 hice los últimos. Es lindo ese recuerdo, espero se siga la tradición del abuelo por mucho tiempo. Asi mismo me gusta meter la pata con mi propia ponche crema, hallacas, ensalada, pernil o pavo o jamón planchado o simple pollo, lo que no hago es dulce de lechoza porque no soy fanática. Cada uno de estos platos son más que saber como se mezclan, ponerle buenos igredientes, presentarlos bien: hacerlos requiere dedicación, esa particular forma de expresar cariño. Abrazos!

  3. Yo los prepraro yo misma, seguro sin el arte de tu abuelo pero si como dir’ia Tita la de “Como agua para chocolate” ,con mucho amor. Este a~no me saturé de él y ya el 30 hice los últimos. Es lindo ese recuerdo, espero se siga la tradición del abuelo por mucho tiempo. Asi mismo me gusta meter la pata con mi propia ponche crema, hallacas, ensalada, pernil o pavo o jamón planchado o simple pollo, lo que no hago es dulce de lechoza porque no soy fanática. Cada uno de estos platos son más que saber como se mezclan, ponerle buenos igredientes, presentarlos bien: hacerlos requiere dedicación, esa particular forma de expresar cariño. Abrazos!

  4. Creo que diciembre, como muchas otras fechas “personales” se nos llenan de esos recuerdos nostálgicos lindos e irrepetibles…

    A mí diciembre se me llena con mi familia materna. Con la que más compartí desde siempre. Se me llena del recuerdo de la cocina blanca y turquesa de mi abuela, de su pantry que bajaba (algún día te explicaré el sistema) desde el gancho que lo agarraba a la pared y nos sentábamos “las niñas de la casa” (mi hermana y yo, únicas nietas y sobrinas desde siempre…) a hacer “torticas” para las halalcas, las manitas llenas de aceite de onoto, jugando a hacer torticas y mi abuela las perfeccionaba…

    Se me llena de las “cacerolitas” para decorar las hallacas: nos ponían a contar pasitas, aceitunas, pimentoncitos, cebollitas y alcaparras para ponerlas en cacerolitas que íbamos pasando a mi tía y mi mamá que armaban als hallacas…

    Se me llena de la vez que me enseñaron a amarrar hallacas…y yo tenía 7 años y era todo un “trabajo de niña grande” y mientras mi tía amarraba 7 hallacas yo hacía 2, pero me sentía super orgullosa y mi tía también…

    Diciembre se me llena de los intercambios de regalos con las 4 hijas de mi abuela, lso esposos de 2 de ellas, las 2 sobrinas y nietas que éramos y somos mi hermana y yo, y la gran matrona que era mi abuela…

    Diciembre se me llena de chicha andina fermentada en la cocina de mi abuela cuando íbamos a visitarla.

    Y, también, del pan de jamón horneándose en nuestra casa… 3 cada vez, según la antigua receta que tiene mi mamá. Y que mientras se horneaban, dejaban que el horno se convirtiera en una especie de estufa amorosa que nos calentaba la sala y la cocina de nuestro apartamento en Minas de Baruta…

    Diciembre, sobre todo, se me llena de la dualidad de pasar un rato con mi familia materna y uno con la paterna, de los fuegos artificiales de Catia donde vivían mis abuelos paternos (los magallanes) y los de Santa Fe Norte (donde fue a parar mi abuela)… era el gran viaje de casa en casa con ese aire de ilusión de esperar al Niño Jesús que, si habíamos sido buenitas, nos habría dejado un juguete de los 5 que podíamos pedir como máximo “porque sino, al Niño Jesús no le alcanza el dinero para todos los regalos!”.. ja,ja,ja,ja…

    Julio se me llena de recuerdos también… muchos, grandes. Como un Diciembre a mitad de año… Y a cada tanto algo surge y nos recuerda cosas que tienen un valor especial y nos dejan un sabor particular… es normal, creo…

    Diciembre era comida y familia…

  5. Creo que diciembre, como muchas otras fechas “personales” se nos llenan de esos recuerdos nostálgicos lindos e irrepetibles…A mí diciembre se me llena con mi familia materna. Con la que más compartí desde siempre. Se me llena del recuerdo de la cocina blanca y turquesa de mi abuela, de su pantry que bajaba (algún día te explicaré el sistema) desde el gancho que lo agarraba a la pared y nos sentábamos “las niñas de la casa” (mi hermana y yo, únicas nietas y sobrinas desde siempre…) a hacer “torticas” para las halalcas, las manitas llenas de aceite de onoto, jugando a hacer torticas y mi abuela las perfeccionaba…Se me llena de las “cacerolitas” para decorar las hallacas: nos ponían a contar pasitas, aceitunas, pimentoncitos, cebollitas y alcaparras para ponerlas en cacerolitas que íbamos pasando a mi tía y mi mamá que armaban als hallacas…Se me llena de la vez que me enseñaron a amarrar hallacas…y yo tenía 7 años y era todo un “trabajo de niña grande” y mientras mi tía amarraba 7 hallacas yo hacía 2, pero me sentía super orgullosa y mi tía también…Diciembre se me llena de los intercambios de regalos con las 4 hijas de mi abuela, lso esposos de 2 de ellas, las 2 sobrinas y nietas que éramos y somos mi hermana y yo, y la gran matrona que era mi abuela… Diciembre se me llena de chicha andina fermentada en la cocina de mi abuela cuando íbamos a visitarla. Y, también, del pan de jamón horneándose en nuestra casa… 3 cada vez, según la antigua receta que tiene mi mamá. Y que mientras se horneaban, dejaban que el horno se convirtiera en una especie de estufa amorosa que nos calentaba la sala y la cocina de nuestro apartamento en Minas de Baruta… Diciembre, sobre todo, se me llena de la dualidad de pasar un rato con mi familia materna y uno con la paterna, de los fuegos artificiales de Catia donde vivían mis abuelos paternos (los magallanes) y los de Santa Fe Norte (donde fue a parar mi abuela)… era el gran viaje de casa en casa con ese aire de ilusión de esperar al Niño Jesús que, si habíamos sido buenitas, nos habría dejado un juguete de los 5 que podíamos pedir como máximo “porque sino, al Niño Jesús no le alcanza el dinero para todos los regalos!”.. ja,ja,ja,ja…Julio se me llena de recuerdos también… muchos, grandes. Como un Diciembre a mitad de año… Y a cada tanto algo surge y nos recuerda cosas que tienen un valor especial y nos dejan un sabor particular… es normal, creo…Diciembre era comida y familia…

  6. Creo que diciembre, como muchas otras fechas “personales” se nos llenan de esos recuerdos nostálgicos lindos e irrepetibles…

    A mí diciembre se me llena con mi familia materna. Con la que más compartí desde siempre. Se me llena del recuerdo de la cocina blanca y turquesa de mi abuela, de su pantry que bajaba (algún día te explicaré el sistema) desde el gancho que lo agarraba a la pared y nos sentábamos “las niñas de la casa” (mi hermana y yo, únicas nietas y sobrinas desde siempre…) a hacer “torticas” para las halalcas, las manitas llenas de aceite de onoto, jugando a hacer torticas y mi abuela las perfeccionaba…

    Se me llena de las “cacerolitas” para decorar las hallacas: nos ponían a contar pasitas, aceitunas, pimentoncitos, cebollitas y alcaparras para ponerlas en cacerolitas que íbamos pasando a mi tía y mi mamá que armaban als hallacas…

    Se me llena de la vez que me enseñaron a amarrar hallacas…y yo tenía 7 años y era todo un “trabajo de niña grande” y mientras mi tía amarraba 7 hallacas yo hacía 2, pero me sentía super orgullosa y mi tía también…

    Diciembre se me llena de los intercambios de regalos con las 4 hijas de mi abuela, lso esposos de 2 de ellas, las 2 sobrinas y nietas que éramos y somos mi hermana y yo, y la gran matrona que era mi abuela…

    Diciembre se me llena de chicha andina fermentada en la cocina de mi abuela cuando íbamos a visitarla.

    Y, también, del pan de jamón horneándose en nuestra casa… 3 cada vez, según la antigua receta que tiene mi mamá. Y que mientras se horneaban, dejaban que el horno se convirtiera en una especie de estufa amorosa que nos calentaba la sala y la cocina de nuestro apartamento en Minas de Baruta…

    Diciembre, sobre todo, se me llena de la dualidad de pasar un rato con mi familia materna y uno con la paterna, de los fuegos artificiales de Catia donde vivían mis abuelos paternos (los magallanes) y los de Santa Fe Norte (donde fue a parar mi abuela)… era el gran viaje de casa en casa con ese aire de ilusión de esperar al Niño Jesús que, si habíamos sido buenitas, nos habría dejado un juguete de los 5 que podíamos pedir como máximo “porque sino, al Niño Jesús no le alcanza el dinero para todos los regalos!”.. ja,ja,ja,ja…

    Julio se me llena de recuerdos también… muchos, grandes. Como un Diciembre a mitad de año… Y a cada tanto algo surge y nos recuerda cosas que tienen un valor especial y nos dejan un sabor particular… es normal, creo…

    Diciembre era comida y familia…

  7. En la búsquda del mejor jamon del mundo, os he encontrado,.. pero busco el mejor jamón ibérico del mundo. Vuestro pan con un excelente < HREF="http://www.ibergour.com/es/productos/pata_jamon_entera.html" REL="nofollow">jamón ibérico de bellota de Ibergour<>, de calidad, extremeño y muy bien de precio, podemos ser una manjar.

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